La terapia con luz roja utiliza longitudes de onda específicas (entre 630 y 850 nm) para reducir la inflamación y el dolor de la artritis mediante el aumento del ATP mitocondrial. Es más eficaz para las articulaciones de la rodilla y la mano, y requiere sesiones regulares de 10 a 20 minutos. Si bien es un complemento seguro y no invasivo a la atención médica convencional, no tiene la capacidad de regenerar el cartílago ni curar la enfermedad.