La terapia con luz roja (630–700 nm) penetra en la dermis, estimulando los fibroblastos y la producción de ATP para potenciar el colágeno, la elasticidad y el tono de la piel, lo que la hace eficaz para combatir el envejecimiento. La luz azul (~415 nm) permanece en la superficie de la piel, combatiendo las bacterias que causan el acné, no las arrugas. Para combatir el envejecimiento, se recomienda usar dispositivos de doble longitud de onda (660 nm/850 nm) de 3 a 5 veces por semana durante 8 a 12 semanas.