La terapia con luz roja (630-850 nm) puede ayudar a controlar la diabetes al potenciar la función mitocondrial, reducir la inflamación, favorecer la cicatrización de heridas, aliviar la neuropatía y disminuir la glucosa posprandial, como lo demuestran los estudios clínicos, pero complementa, no reemplaza, los tratamientos estándar.