La terapia con luz roja pulsada emite luz en ciclos de encendido y apagado programados, pero la frecuencia por sí sola no determina su eficacia. Los resultados dependen de la longitud de onda, la duración del pulso, el ciclo de trabajo, la irradiancia, la dosis y la geometría del tratamiento. La evidencia actual no demuestra que la luz pulsada sea universalmente superior a la luz continua, por lo que es fundamental contar con especificaciones completas y realizar pruebas de seguridad específicas para cada modelo.