La terapia con luz roja generalmente conlleva un riesgo bajo cuando se usa correctamente, pero la seguridad depende de la dosis, la distancia, la protección ocular, el estado del usuario y la calidad del dispositivo. Los principales riesgos incluyen la exposición directa a los ojos, la irradiancia excesiva, la fotosensibilidad, la documentación deficiente y el uso inadecuado en presencia de ciertas afecciones médicas.