La terapia con luz roja puede reducir el dolor de la artrosis de rodilla y mejorar la función al potenciar la actividad mitocondrial y disminuir la inflamación. Los estudios clínicos muestran beneficios con el uso constante, especialmente con longitudes de onda de 630 a 850 nm. La eficacia depende de la dosis adecuada, la calidad del dispositivo y la combinación de la terapia con ejercicio para lograr una movilidad articular óptima y resultados a largo plazo.